Jueves, 18 de Junio de 2009, 9:43hs
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Fuente: Terra México
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Economía
Carstens, atrapado ¿y sin apoyo?
MEXICO, junio. 18.- Hace poco menos de un mes, en
Palacio Nacional, hubo un desayuno. Allí, al calor de
varias tazas de café, un núcleo duro de integrantes del
Congreso de la Unión confirmaron lo que para entonces ya
era inocultable: el fin del optimismo desbordado que
durante mucho tiempo había sostenido Agustín Carstens, en
torno de la crisis económica y los impactos que ésta ya
registraba en México, cita El Semanario en su edición de
hoy.
Fue en ese preciso instante cuando los legisladores
se percataron de que algo estaba pasando con el secretario
de Hacienda, que retrataba un rostro duro y, sobre todo,
lanzaba mensajes casi apocalípticos.
Así, las dudas se disiparon: el responsable de la
política económica de México pintaba un horizonte sombrío
que, en buena medida, rompía con la confianza que hasta la
fecha sostiene la pieza clave del presente sexenio, el
Presidente de la República.
"Agustín Carstens nos habló de una realidad
complicada para la economía. Con cifras en mano consignó la
caída en la recaudación tributaria y pronosticó que la
cobertura petrolera para el próximo año será muy costosa.
En su rostro se reflejaba la preocupación", recuerda
Antonio Soto, secretario de la Comisión de Hacienda de la
Cámara de Diputados. "Percibí que, finalmente, la SHCP veía
una situación muy delicada, que los resultados que siempre
defendía no eran parte de la realidad y que había que tomar
medidas con urgencia", complementa.
¿Es tarde ya para que el secretario de Hacienda
corrija su discurso contaminado por el ambiente político y
los efectos inesperados de la crisis mundial? Hoy, sometido
por las circunstancias y el entorno internacional, Carstens
parece estar atrapado y necesariamente obligado a tomar
decisiones con el apoyo de un equipo de funcionarios que,
como en ninguna otra secretaría, cuenta con la experiencia
para hacerlo.
"La secretaría tiene un equipo de gente competente,
alrededor de Carstens hay un grupo muy competente, sin
embargo me parece que lo que ha faltado mucho son ideas
nuevas, capacidad de pensar creativamente; han sido
cuadrados, ortodoxos, poco creativos", señala Raúl Feliz,
investigador del Centro de Investigación y Docencia
Económica (CIDE).
El problema, sin embargo, no ha sido menor. En los
últimos 30 meses, Agustín Carstens ha tenido que hacerse
cargo de tres economías: la del mediocre crecimiento pero
con estabilidad financiera; la que arrastró la crisis
financiera y económica de EU, y la que está enterrando la
epidemia de influenza con una caída de 6% al cierre de
2009.
Aceptar la invitación del PAN y del presidente Felipe
Calderón en noviembre de 2006 para ocuparse de las finanzas
públicas del país, se ha convertido en el gran desafío del
laureado economista, pieza clave en el gobierno priísta de
Ernesto Zedillo, que tras una carrera de 20 años en el
Banco de México llegó a ocupar uno de los puestos más altos
en el Fondo Monetario Internacional (FMI).
¿Qué podía salir mal a su regreso a México? Todo,
absolutamente todo. La economía de EU se colapsó, el
sistema financiero cerró la llave del financiamiento, el
turismo comenzó a secarse y el petróleo se agota de manera
acelerada.
Pero, a pesar del escenario de crisis, Agustín
Carstens obtiene una calificación aprobatoria aunque por
debajo de las expectativas: "Qué más podía hacer sino
justamente lo que hizo", asegura Alfredo Coutiño, analista
en jefe de Moody´s Economy, uno de los expertos más
críticos sobre la gestión de la crisis internacional en
México.
"Las medidas contracíclicas sí fueron tardías, pero
ello fue resultado de los obstáculos estructurales de la
economía mexicana. Las limitaciones de fondo han impedido
que la política fiscal no haya actuado en tiempo y en forma
como se esperaba", asegura.
Es más, dice Coutiño, Carstens ha ido más allá de lo
que se considera como lo políticamente correcto en México:
"Sugerir cambios en la política monetaria que ha
considerado absolutamente necesarios para apoyar el
crecimiento económico".
Hace un año, Carstens insistió en la necesidad de que
el Banco de México redujera sus tasas de interés. En enero
de 2009 felicitó a la Junta de Gobierno del Banco Central
por la reducción en la Tasa de Interés Interbancaria de
Equilibrio (TIIE) de 50 puntos base para llevarla de 8.25 a
7.75%.
Sin embargo, en abril de 2009, cuando ya se habían
registrado varios ajustes y las tasas estaban en niveles de
6%, el titular de la SHCP retomó el debate y aseguró que la
economía debería observar bajas adicionales. Hoy, la TIIE
se ubica en 5.25%.
Pero este ajuste aún palidece frente a la
coordinación de la política monetaria, fiscal y económica
que, ante la crisis, se ha aplicado en otros países de
América Latina, como Chile, donde las tasas de interés se
ubican en niveles de 0.75% anual nominal, en una acción que
busca convertirse en un estímulo monetario para combatir la
estrechez crediticia.
Esa ha sido otra de las batallas de Carstens frente
al Banco de México, el organismo independiente al que
aspira llegar, según funcionarios cercanos al titular de la
SHCP que, bajo el riesgo de no ser considerado un
monetarista ortodoxo, ha pugnado por el ajuste en las tasas
de interés.
Además, en los últimos dos años, Carstens logró que
el Congreso aprobara el Impuesto Empresarial de Tasa Única
(IETU); sentó las bases para contar, por primera vez, con
información y tributación de la economía informal a través
del Impuesto a los Depósitos (IDE) y ante la caída en los
precios internacionales del petróleo mantuvo el mecanismo
de coberturas petroleras que permitieron mantener el nivel
de ingresos durante este año.
Carstens también fue una pieza clave para que el FMI
aprobara una línea de crédito por más de 47,000 md para
blindar a la economía ante choques adicionales. Se trata,
de hecho, de la línea de crédito más importante aprobada
hasta ahora por el FMI.
Pero hoy se necesita más que eso, más que sostener la
casa mientras todo se derrumba y algunos analistas se
preguntan si Agustín Carstens, con el nuevo Congreso,
crispado, enfrentado y tal vez sin técnicos que comprendan
la importancia de las medidas económicas de fondo, tendría
la capacidad de lograr las negociaciones necesarias para
diseñar y aprobar las reformas estructurales que exige la
economía en un momento tan complejo.
Carstens no tiene muchas opciones y los pasos hacia
atrás podrían ser muy peligrosos para la economía nacional.
En 2009, México se ubicará como la peor economía de
la región; el desplome de su Producto Interno Bruto (PIB)
superará con mucho a la caída que se vivirá en EU y la
destrucción del empleo formal alcanza ya a más de 113,000
plazas, mientras que el desempleo -tomando en cuenta el
subempleo- alcanza los 4,854,000 puestos de trabajo, con lo
que el gobierno de Felipe Calderón pasaría a la historia
como la administración que peores resultados ofreció a los
mexicanos en bienestar y calidad de vida.
Además, el Riesgo País se ha elevado más de 105.8%
durante el gobierno calderonista, mientras las agencias
calificadoras revisan las condiciones adversas que podrían
obligarlas a ajustar las calificaciones sobre la deuda
soberana de México y, eventualmente, a retirar el grado de
inversión. La peor noticia para la economía nacional, y
cuya amenaza llevó a Carstens a invertir su capital y
capacidad de convencimiento en una gira por Estados Unidos.
A nivel interno y en época de elecciones estos no son
números que abonen a las urnas y la presión aumenta en la
SHCP de un gobierno panista.
Para Raúl Feliz, del CIDE, Agustín Carstens
simplemente se equivocó en su pronóstico de la crisis, pero
concede que lo mismo le sucedió a cientos, a millones de
economistas en el mundo entero. ¿Podía Carstens darse el
lujo de pecar de optimista?
La capacidad de pronóstico del titular de la
Secretaría de Hacienda fue claramente deficiente, dice
Feliz y agrega: "Yo entiendo que el ministro debe ser
optimista, sin embargo, me quedo con la impresión de que
subestimó la crisis, la recesión. No sólo él, todos,
incluyéndome a mí".
Pero en enero pasado, el presidente Calderón pedía
optimismo en una frase que se interpretó como un regaño a
los "catastrofistas" que, en ese momento, señalaban al
gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz.
En el reporte trimestral sobre inflación del
Instituto Central se aseguraba que la economía no sólo no
crecería, como aún lo estaba previendo la SHCP, sino que se
ubicaría en el terreno negativo.
Fue por ello que hace seis meses en la ciudad de
Davos, Calderón aseguró: "Yo creo que tan malo es generar
expectativas sobradas o injustificadas, infundadamente
optimistas, como también crear un ambiente cada vez más
negativo y deteriorado que también puede carecer de
fundamentos sólidos".
Pero las señales de la crisis eran evidentes y
durante mucho tiempo la Secretaría de Hacienda ignoró e
incluso las minimizó. En ello coinciden los analistas. "No
hubo mucha capacidad de pronóstico, pero reconozco que es
un tema difícil", dice Feliz.
Por eso, tomando en cuenta sus conocimientos en
economía y finanzas internacionales, para Gerardo Esquivel,
investigador del Colegio de México, Carstens ha tenido una
actuación que no ha cumplido con las expectativas generadas
en 2006: "Su desempeño ha sido mediocre, inferior a lo
esperado considerando su experiencia pública tanto en
México como en organismos internacionales".
"La información estaba allí, claramente. Desde hace
un año ya se presumía la magnitud de la crisis, pero al
parecer se pensó que podía atajarse de manera rápida y eso
hizo que la mayoría de los gobiernos no actuaran de manera
inmediata", agrega Coutiño.
Conociendo a Carstens, los analistas reconocen que
tomó las medidas necesarias para enfrentar la crisis pero
que cada paso se enfrentó a los obstáculos heredados del
pasado. Sin embargo, aún se siguen preguntando si sus
declaraciones sobre el impacto de la crisis y el optimismo
de hasta hace algunas semanas, respondían a razones
políticas y a la necesidad de no violentar aún más la
difícil situación del gobierno calderonista.
"El oficio de predecir siempre es difícil pero cuando
los márgenes de discrepancia son mayores se piensa en
varias razones: se tiene el interés de no querer alarmar o
simplemente la realidad superó a cualquier expectativa",
reflexiona el analista de Moody´s Economy, Alfredo Coutiño.
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